domingo, 27 de noviembre de 2011

Reino del Maestrazgo


Supongo que la noticia nos habrá cogido desprevenidos a todos. Como sabrá, improbable lector, la región del Maestrazgo ha declarado su independencia al resto de España.


 Las autoproclamadas autoridades soberanas de aquel territorio se han atrevido incluso a solicitar el reconocimiento de su independencia a la comunidad internacional y, asombrosamente, el portavoz de la Santa Sede ha manifestado que es muy probable que la solicitud sea atendida de forma favorable por el Estado Vaticano.

A tal efecto, ha anunciado monseñor Renato DellCardo, se prevé enviar un nuncio apostólico y crear una diócesis que abarque el territorio escindido, nombrando para ello un nuevo prelado que, atendiendo los deseos de los nuevos dirigentes del Maestrazgo, será de cuna noble.

El resto de los españoles desconocíamos por completo los deseos de independencia de esta histórica región que, es verdad, tradicionalmente ha vivido aislada del resto de los territorios peninsulares a consecuencia de su escarpado paisaje. De hecho, aquellos que hemos podido visitar la zona hemos constatado habitualmente lo muy aferrada que vivía la población a sus tradiciones propias.


El nombre del Maestrazgo procede de la encomienda de la orden militar de Montesa que gobernó teocráticamente aquel territorio, con el maestre de la orden al frente, durante más de quinientos años, desde el establecimiento de la encomienda de san Mateo en 1319, hasta el comienzo del trienio liberal en 1820.

El territorio que ha declarado su independencia abarca una pequeña parte de las provincias de Teruel, Tarragona y Castellón, comprendiendo cincuenta y siete municipios. Este que sigue es el mapa de la nueva nación.

Los siguientes datos se han tomado de diferentes medios de comunicación:

El origen de la reclamación de soberanía por parte del Maestrazgo procede, según esas fuentes, de la primera guerra carlista. Conflicto que asoló a toda España entre los años 1833 y 1840, enfrentando dos concepciones sociales diferentes bajo la excusa de una disputa dinástica. Dos concepciones sociales que se podrían definir como la opción liberal y la opción tradicional.

Durante ese convulso periodo de guerra civil, toda la región, dado su secular aislamiento y eminente carácter rural, se volcó unánimemente a favor de la opción tradicionalista defendida por las tropas carlistas. No en vano el general Cabrera, jefe de las tropas del Maestrazgo, ya concluida la guerra y expulsado el resto del contingente carlista, siguió luchando en el territorio bajo su mando durante un año, merced al apoyo social de la población civil.


A pesar de haber perdido esa guerra, los habitantes del Maestrazgo, con sus ideas políticas tradicionales intactas, supieron ganar la paz. Así, a pesar de la existencia de gobernadores provinciales enviados desde Madrid, que en la práctica carecían de poder efectivo y se limitaban a organizar festejos en su propia residencia, el gobierno de la zona por parte de los tradicionalistas fue evidente y conocido, aunque siempre discreto y en la sombra.

La capital del territorio es la ciudad de San Mateo, en la provincia de Castellón, el mismo lugar donde residía el maestre de la orden de Montesa desde 1319. Concluida la guerra en 1841, en dicha población se creó una junta de gobierno clandestina que, en la práctica, impartió justicia y se encargó de los asuntos de gobierno del Maestrazgo, con el absoluto apoyo y absoluto sigilo de la población local.


Esa junta, denominada formalmente el consejo de la regencia, dado que seguían esperando el regreso de un rey tradicionalista, estaba compuesta exclusivamente por nobles titulados que, exiliados forzosamente tras perder la guerra, volvieron de incógnito al Maestrazgo.

Las segunda y tercera guerras carlistas en las décadas de los cincuenta y setenta del siglo XIX, no alteraron en nada el sistema de gobierno encubierto que el consejo de la regencia mantuvo en el Maestrazgo, sistema que prolongó hasta bien entrado el siglo XX.

Durante ese largo periodo la influencia de la iglesia en los asuntos de gobierno del consejo de la regencia se hizo cada vez más palpable, hasta convertir el Maestrazgo en un verdadero estado teocrático en el que el ejercicio político se manifestaba, siempre en la clandestinidad, a través de aquellos que hablaban en nombre de Dios, los eclesiásticos más tradicionales.


 El estallido de la guerra civil de 1936 supuso un soplo de esperanza para los gobernantes en la sombra y para el conjunto de la población de la región. Población que, lógicamente, se alineó en las filas del bando que proponía el retorno a un sistema social y político tradicional y católico.

No obstante, concluida la guerra civil, la falta de reconocimiento de la autonomía de la región del Maestrazgo y de sus órganos de gobierno clandestinos, la ausencia de un rey y sobre todo, el ejercicio del poder centralista que llevaron a cabo las autoridades vencedoras, concluyó con un retorno a las catacumbas del consejo de regencia como órgano de gobierno en la clandestinidad de la región del Maestrazgo.

Por fin, el establecimiento en 1975 de una monarquía de carácter democrático, contrario al régimen monárquico tradicional que se vivía en la región, ejercido por el consejo de regencia, no ayudó al abandono de la clandestinidad.


 Han sido las conversaciones llevadas a cabo desde el año 2006 por varios de los eclesiásticos del Maestrazgo, manifestando el deseo de dar por fin salida a la situación de facto de un gobierno que ejerce su función en la clandestinidad, lo que ha conducido a requerir de la comunidad internacional, y del Estado Vaticano en particular, el reconocimiento de su singularidad como nación soberana.

Se ha conocido a consecuencia de la noticia, que el sistema de gobierno ejercido desde el consejo de la regencia durante los casi ya dos siglos de existencia, ha estado basado en una concepción social y política de corte tradicional. Tradición manifestada, entre otras cosas, en el mantenimiento de la necesidad de poseer nobleza, si no titulada, al menos sí hidalga, para alcanzar los puestos de gobierno del Maestrazgo.

El territorio se encuentra dividido institucionalmente en siete regiones que abarcan gran parte de la provincia de Castellón y algún territorio de las de Teruel y Tarragona.


 En cada una de las siete regiones, denominadas condados, existe un castillo de la antigua orden militar de Montesa que sirve como sede para el gobierno local.

Dado que en este blog se habla de heráldica, se adjunta el escudo que ha tomado como propio el recién autoproclamado país. En él se representa la cruz de la orden de Montesa sobre los cuatro palos del rey de Aragón.


Los diseños de los escudos y las banderas son de mi autoría.
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